Ruta a Poza de la Sal

Calle típica de Poza de la Sal. Autora: Teodora Castaño Illana, VII Concurso Fotográfico "VII Concurso Fotográfico: Ven a Burgos"

Calle típica de Poza de la Sal. Autora: Teodora Castaño Illana, VII Concurso Fotográfico “VII Concurso Fotográfico: Ven a Burgos”

Entre el Páramo y la Bureba, en su zona de transición,  existe un lugar modelado por el tiempo. Ancestral, mágico, como corresponde a un  lugar cuya génesis fue tan esforzada. La tierra se plegó, y el fuego arrastro para arriba lo más profundo. Ese podría ser el origen del diapiro, alma y esencia de lo que hoy nos muestra  Poza de la Sal. Aunque técnicamente estamos fuera de las Merindades, no estamos lejos de su zona de influencia. Las necesidades económicas interconectaban la vida, aunque los medios de comunicación no lo facilitaran. Recuerdo con alguna frecuencia, porque me lo cuenta María, mi madre, cómo hasta hace pocos años, desde los valles de Ahedo se acudía con las caballerizas  a los mercados de de Poza de la Sal. Las salinas convirtieron a Poza en un lugar estratégico del comercio en los siglos pasados. Dada la distancia entre Ahedo y Poza, unos 28 km por caminos y veredas,  para asistir a las ferias y mercados el viaje se iniciaba en Ahedo muy temprano, en torno a las dos de la mañana.

La jornada  anterior el trajín era considerable. Preparación de los aparejos, elegir los serones y alforjas en los que quepan los lechones, corderos, gallinas o  lentejas, no vaya a ser que se pierda alguno, como en la feria pasada. La distancia es tan larga que no era  posible llevar ganados mayores, como habitualmente se levaban y traían a las  ferias de Ruaredo,  Soncillo, Villarcayo o Medina. El viaje se eternizaría. Y en el ultimo momento María, la niña. Que ella también quiere ir. No quiere perderse la “fiesta”. Maldita sea, gruñe su padre. Por si fuéramos pocos.  Déjalo de mi cuenta, dice su madre, que la que viaja soy yo, me vendrá bien si necesito alguna ayuda.

El viaje es duro incluso para los animales. Son doce  horas entre ida y vuelta. La comitiva  apenas sin pegar ojo se encuentra reunida junto al cementerio desde las dos y media. Los animales se impacientan. En el último momento Pedro el Viejo ha tenido problemas para encontrar uno de los chivos escondido debajo de la salera. Por fin llega. Son las tres de la mañana. La comitiva está formada por ocho machos,  tres mulas y catorce personas, incluida la niña. La única que cabalga. Los demás a pie. Los animales ya llevan su peso. Al poco están tomando la desviación por el camino nuevo de Porquera. Esta vez tomamos la desviación a Villascusa en vez de llegar hasta Pesadas. Por Villascusa aún es de noche ciego. Solo se oye el aullido  de los perros. En Villalta empieza a amanecer y se divisa a lo lejos otra comitiva. Deben ser los de Pesadas(1), dice la madre, que nos llevan un cuarto de hora de ventaja. El páramo se hace duro(2), parece interminable y eso que hay suerte con el tiempo. Podía ser peor. La vez anterior con la niebla nos perdimos y tuvimos que fiarnos exclusivamente del instinto de los animales.  Aullan los lobos (3), son las siete y media de la mañana y la comitiva  abandona el páramo para comenzar el descenso hacia Poza. El camino se está animando. Se nos acaban de añadir los de Cernegula y Masa, no hay tiempo que perder.

Pero la niña quiere asomarse al Castillo. Le han contado que lo que desde allí se ve le gustará, adelantan su montura mientras los demás se detienen en el  segundo depósito de sal  para reordenar los aparejos. La visión la deja impresionada. El bullicio que llega desde abajo es ensordecedor. Sin perder tiempo vuelven sobre sus pasos y continúan el descenso, entran en Poza dejando a un lado la casa de Administración de las Salinas. Cogen posiciones justo detrás de la iglesia, en la plaza no hay sitio. El trajín de las calles  es impresionante. Ir y venir de gente, gruñidos de todo tipo. María no da crédito a lo que esta viendo. Llegan por todas las partes, el olor a  mercado se intensifica. La feria se presenta interesante, dice su madre. A ver si hay suerte y no hay que volverse con  los animales(4). De esa forma podremos cargar más sal para las matanzas. Seguro que sí, pues la mercancía es buena y la feria está a rebosar.   Llegan unos lugareños, parecen tratantes. A uno le dicen ojos listos, a otro saltapatrás (5).  Nos saludan efusivamente. Eduardo, un tratante de Pesadas, exclama: ¡María, ven aquí¡. Vete a la taberna que esta en la plaza y dile la tabernero que te de el mejor vino que tenga , que es para Eduardo el de Pesadas. María , que es una intrépida, no solo va a por el vino, sino que no puede aguantarse las ganas de probarlo(6), ¿qué será ese líquido? ¿cóomo sabrá? María bebe. No faltaba más. Esta eufórica con lo que está viendo. Al poco comienza a ver borroso y se deja caer encima de las albardas. Nota que le echan un sayalino encima. Su conciencia comienza a desvanecerse. Ante sus ojos  borrosos se le aparece el páramo, entre la niebla y unos lobos que se acercan a las cabalgaduras. Cuando se despierta se encuentra a lomos de la mula, camino de vuelta. Se agarra fuertemente  a dos sacos de sal que lleva a sus costados. Comienza el ascenso por el diapiro…(7)

(1)   Pesadas de Burgos. Una localidad en el camino. En la actualidad en Pesadas se puede comer decentemente, concertando previamente con Felisa.

(2)   Las condiciones de los viajes por el páramo en ocasiones se hacían muy duras. Don facundo, el maestro de Pesadas, falleció de frío al quedarse rezagada su montura en una comitiva de caballos que venia de Medina de Pomar ( los de Pesadas tenían caballos en vez de machos) muy cerca de la ermita de Santa Isabel. Cuando se enteró el resto de la comitiva ya era demasiado tarde.

(3)   Los lobos del páramo de Poza inspiran  desde pequeño el afán aventurero de Felix Rodriguez de la Fuente, ilustre lugareño de Poza de la Sal

(4)   En esta ocasión , María y su madre vendieron los siete cerdos que llevaban a 72 duros cada uno. Hagan ustedes las cuentas.

(5)   Los mercaderes de Poza, y los que no lo eran, todos tenían su mote. Estos en particular mercadearon con  muchas pieles y quesos con  los productores de Ahedo del Butrón.

(6)   María se cogió una buena borrachera con un vino hecho en Poza  de la Sal que en 1945 se le conocía con el nombre de chacolí. Saquen ustedes conclusiones sobre la actualidad del término.

(7)   Los viajeros  de hoy en día deben completar la ruta con un paseo por la Salinas y su Centro de Interpretación, antigua Casa de Administración de las salinas. Una visita a la Villa de Oña con su más que interesante Catedral y Claustro y centro de interpretación del Espacio Natural de Montes Obarenes, para luego comer en uno de sus restaurantes y por la tarde regresar, tanto en primavera como en verano u  otoño, por el Valle de Caderechas. No tiene desperdicio

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Acerca de Dondevilla

Dondevilla es un blog de información sobre cuestiones relacionadas con el medio rural, temas ambientales y turismo rural. Fotografía: Marga González

Publicado el abril 9, 2015 en Las Merindades, Rutas y senderismo. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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