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Hace un tiempo, molinos

molinos_2Hace un tiempo, creo que  no muy lejano pues  aún existe en el recuerdo, era   habitual que los inviernos fueran rigurosos, es decir inviernos. No faltaban las nevadas que solían permanecer durante largos periodos con la ayuda de las bajas temperaturas. En esos tiempos el tránsito y el transporte se volvían  complicados, sin embargo los manantiales lo agradecían y ello permitía que los cauces llevaran suficiente agua para moler. En el Arroyo Soscostana  que en parte se nutre  del manatial de Valdemer, existieron varios molinos de gran  utilidad que ahorraban esfuerzo y  viajes con las maquiladas atadas a los machos  a otros molinos como el de Tubilleja y el Canto. Durante  la primera parte del año se molía en el molino que hay entre los Raigones y  Pontón de Vallesnera, hoy solo un vestigio cubierto  por la maleza. Arroyo abajo, existían  otros tres que a lo largo del tiempo han  corrido diferente suerte. En estos días en los que parece que el invierno arrecia, han venido a mi recuerdo algunas imágenes del transito de vuelta con los machos  por el Camino de Valdehaedo con la angustia de llevar la maquilada escorada a la derecha, y una duda  ¿seguro que Pepón habrá atado bien el aparejo?.

 Nota: sirva el presente texto de recuerdo y agradecimiento para quienes  en los últimos años han hecho algo por  conservar los molinos en Ahedo. No dejan de ser una parte de nuestra memoria.

Se me olvidaba: Ana, la de Boñar, esta autorizada a dejar un comentario, moderado claro (que será moderado por la editora).

 Otra nota de la editora: dice Ciriaco que los molinos molían de la Pascua de Navidad a la Pascua florida, que ya era moler.

Nuestro pasado más reciente

El tiempo pasa y las actividades cambian. Para un excursionista del sendero GR 85, o ruta de los sentidos, quizás no le resulte fácil imaginar cuales eran las ocupaciones esenciales  de nuestros antepasados. Pero para un observador con raíces en el entorno no le resultará tan difícil. Junto a la agricultura, sustento básico de las sociedades tradicionales, la ganadería era la actividad más importante en Ahedo del Butrón. El término está lleno de corrales donde se guardaba el ganado y también está lleno de cercados para proteger los cultivos. La presión del ganado sobre el medio físico debió ser muy alta  a juzgar por los numerosos conflictos que sobre el aprovechamiento de pastos se originaban siglo tras siglo. Si echamos un vistazo a la documentación escrita que se conserva desde el siglo XIV,  tenemos unos cuantos ejemplos  de cartas de poder para pleitos otorgadas a procuradores,  ejecutorías de la Real Chancillería de Valladolid , instrumentos todos ellos destinados a intentar poner orden en los numerosos conflictos, sobre alcances de términos y  aprovechamientos de pastos. Eran frecuentes los conflictos con el concejo y vecinos de Tudanca sobre el aprovechamiento de la rama y el ramón en los terrenos comunales. También lo eran  con Porquera sobre la observancia de los mojones en la zona de texuelos, y sobre determinación  de los límites que iban desde texuelos, pasando por el portillo de los asnos  y hasta el portillo de las ollas. Las Reales ejecutorias intentaban fijar con detalle los alcances de los términos y las indemnizaciones por el incumplimiento. En ocasiones éstas se fijaban en prendas sobre cabezas de ganado como ocurría con los rebaños de ovejas de hasta 50 cabezas que se prendieran pastando fuera de término entre los concejos de Ahedo y Porquera.  En tales casos el prendedor  podía  tomar dos cabezas de ganado. En otros casos, si se trataba de ganado bovino  o puercos, la indemnización se fijaba en maravedís o en onzas de oro de buen peso. Junto a la  agricultura y ganadería existía otra actividad complementaria que en Ahedo del Butrón tenía mucha importancia, era la cantería. Hasta mediados del siglo pasado existían  en Ahedo cuadrillas que se dedicaban a  la cantería tallando piedra y construyendo casas dentro y fuera del término municipal. La tradición venía de lejos. En las Respuestas Generales del Catastro del Marques de la Ensenada varios de los vecinos manifiestan tener como oficio principal el de la cantería. Era un oficio que proporcionaba un complemento importante a la necesitada economía familiar. En los ratos libres, el conocimiento del oficio, permitía dedicar unas cuantas horas a la realización de cercados o vallados de piedra muy necesarios y  útiles para la protección de los cultivos. En la actualidad estos cercados en algunos lugares han sido sustituidos por pastores eléctricos. Ni que decir tiene que no son ni parecidos. Como muestra de esa época floreciente de la actividad de la cantería nos quedan  las esplendidas fachadas de las casas o las paredes de las huertas y corrales repartidas por todo el término. Este fin de semana nos dábamos una vuelta  por la  cantera de la sierra en la que se aprecia parte del material extraído que por algún motivo no llegó  a utilizarse.  A su lado una preciosa cabañita hecha magistralmente  por los canteros,  probablemente para resguardarse de las inclemencias del tiempo. No se volvería a extraer más piedra. Cualquiera lo diría.

 En la actualidad, de la cantería,  nos quedan las obras que perduran, que no es poco. En cuanto al ganado, los únicos animales que se ven son los de la fauna silvestre, que no está mal, aunque, como no tienen competencia, a veces son excesivos. Bueno, también las vacas del concejo de Tudanca  que de vez en cuando, respetando la tradición,  hacen sus incursiones.

De cercados, corrales, tenadas, pilones y demás arquitectura popular

Cuando paseamos por Ahedo del Butrón llaman poderosamente la atención los cercados de piedra de las fincas, corrales, colmenares, etc. Se conservan todavía muchos, algunos en muy mal estado, y aparecen muy diseminados por los montes. La razón de su construcción era la necesidad de proteger a los cultivos de las numerosas manadas que, ya se sabe, te la preparaban al menor descuido.

Por otra parte, abundan los corrales que guarnecían a casi toda la variedad de animales domésticos que en el mundo han sido (vamos, menos gallinas, todo lo demás): vacuno, ovejas, machos, cerdos, etc.  Estratégicamente situados, servían para guardar los ganados por las noches y durante los asiestos. Todos y cada uno de  ellos tienen su propio nombre: El Corralón, El Corruñelo, Las Casillas, Valdetejar, Casares, Los Bardales, Cezura, El Torco, La Hunquera… Algún día haremos un post sólo de este tema.

 Y luego estaban las tenadas, una en la zona de La Vaquera y otra en Lindecostana, que como todo el el mundo sabe protegía a las ovejas de los lobos. El pueblo tenía dos porque funcionaban como dos pueblos: el de arriba y el de abajo y cada uno tenía su tenada. Las tenadas eran construcciones más complejas, con sus cercados, pero también con su cabaña para los pastores. En otro post contaremos la fiesta que hacían el día que subían a por la basura.

El colmo del ingenio eran los quitavientos en forma de H que hay por Fuentebedón y otros lugares. Y por supuesto había pozos estratégicamente situados para dar de beber al ganado,  como el de La Vaquera, Fuentebedón, Fuente las yeguas y Montegrande. Y pilones ¿no me digas que no habéis oido hablar de los pilones? ;¿y las fuentes? y la escuela…. y las calzadas que iban por Porterín a Manzanedo y por La Cigarrera a Villacayo.

Ya véis que hay mucho que contar… y mucho que conservar. El valor etnográfico de estos restos que hoy nos parecen “prehistóricos” es incalculable. Seguiremos en ello.

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