Archivo de la categoría: Los trabajos y los días

Hace un tiempo, molinos

molinos_2Hace un tiempo, creo que  no muy lejano pues  aún existe en el recuerdo, era   habitual que los inviernos fueran rigurosos, es decir inviernos. No faltaban las nevadas que solían permanecer durante largos periodos con la ayuda de las bajas temperaturas. En esos tiempos el tránsito y el transporte se volvían  complicados, sin embargo los manantiales lo agradecían y ello permitía que los cauces llevaran suficiente agua para moler. En el Arroyo Soscostana  que en parte se nutre  del manatial de Valdemer, existieron varios molinos de gran  utilidad que ahorraban esfuerzo y  viajes con las maquiladas atadas a los machos  a otros molinos como el de Tubilleja y el Canto. Durante  la primera parte del año se molía en el molino que hay entre los Raigones y  Pontón de Vallesnera, hoy solo un vestigio cubierto  por la maleza. Arroyo abajo, existían  otros tres que a lo largo del tiempo han  corrido diferente suerte. En estos días en los que parece que el invierno arrecia, han venido a mi recuerdo algunas imágenes del transito de vuelta con los machos  por el Camino de Valdehaedo con la angustia de llevar la maquilada escorada a la derecha, y una duda  ¿seguro que Pepón habrá atado bien el aparejo?.

 Nota: sirva el presente texto de recuerdo y agradecimiento para quienes  en los últimos años han hecho algo por  conservar los molinos en Ahedo. No dejan de ser una parte de nuestra memoria.

Se me olvidaba: Ana, la de Boñar, esta autorizada a dejar un comentario, moderado claro (que será moderado por la editora).

 Otra nota de la editora: dice Ciriaco que los molinos molían de la Pascua de Navidad a la Pascua florida, que ya era moler.

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Tiempo de siembra

Aunque con métodos distintos  seguimos dándole la vuelta a las mismas tierras que, como puede apreciarse, conservan vestigios de un pasado reciente y lejano, a la vez que trabajado,  que suele pasar desapercibido para un agricultor perplejo que hoy  transita  sobre ruedas por unos  suelos que años atrás desgastaban las suelas de unos  seres vivos  colaboradores forzosos de su propia subsistencia. Tan iguales y tan distintos. A veces uno tiene la impresión de que ahora estamos de prestado, por eso de la eventualidad con la que ocupamos el medio y porque  ninguna actividad agraria parece ser suficientemente rentable por sí misma, aunque las fotografías se empeñen en demostrar lo contrario. El campo no es lo que era, por suerte y por desgracia. El pasado era duro, pero estaba vertebrado porque en el mundo rural convivían  suficientes seres vivos que posibilitaban  la supervivencia de las comunidades sociales y del modelo. Pero llegó la revolución industrial y todo cambió. Las ciudades ejercieron su inmenso poder de atracción. El campo se despobló, tanto de  personas como de animales, aunque de estos últimos a veces uno tenga la sensación de que quedan algunos ejemplares. En los últimos tiempos la burocracia, estatal y  europea, parece empeñada  en crear nuevos vasallos de la economía subvencionada, como si el mundo rural solo fuera un mercado más a explotar, sin importar que  disponga de seres vivos que lo habiten. Sería conveniente  que los árboles nos dejen ver  el bosque, más aún si disponemos de una naturaleza tan bella y exuberante. Quizás las nuevas tecnologías, móviles e Internet entre otras, permitan vislumbrar un futuro que ejerza de atracción para futuros pobladores… Mucho deben de cambiar las cosas.

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