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Está la argoma y la aulaga en su apogeo

Este fin de semana está la argoma y la aulaga en plena floración, ayer olía a mielada maravillosamente, aunque dicen los entendidos que las abejas no van mucho a ellas porque tienen otras flores en esta época que les gustan más.

Está el pueblo amarillo y verde, de un verde intenso gracias a una primavera aceptablemente lluviosa y a una cosecha de trigo que promete.

Sólo podemos recomendar una vuelta por el campo y ponerse a disfrutar, merece la pena.

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A mal tiempo… chimenea y flores

Mira que está haciendo malo este mes de abril. Malo no, malísimo sobre todo para las abejas que no pueden salir a aprovechar la floración de primavera. Ya lo dice María (la abuela): “En abril, la oveja y la abeja pierden la pelleja”. Otro día contaremos la nevada que cayó por la cruz de mayo hace muchos años el día de la feria de Ruarredo, aunque básicamente pasó lo que narra Ciriaco:

“Pues resulta que en esa ocasión, por la Cruz de Mayo, es decir el dia 3 mayo, el campo estaba adelantado. Fuimos, como de costumbre unas 30 personas a la feria de Ruarredo, y tuvimos que dormir donde siempre, en el hospedaje habitual. En una habitación con tres camas las 30 personas. Los mayores en cama y el resto, los jóvenes en el suelo. Cayo una nevada de aúpa, y una fuerte helada. No quedo nada”.

Ya van varios años que los tulipanes “se nievan”, este año también, y aunque el agua es bienvenida necesitamos un poco más de calor.

Aún así no vamos a quedarnos en casa porque el día es muy largo y da para algún rato bueno y es una pena perderse los perales y cerezos en flor. Mirad cómo están los narcisos de Montegrande o los cerezos en las eras.

Si la cosa se pone mal siempre podemos quedarnos en casa frente a la chimenea, ya se ocupan los señores de Dondevilla de tener bien surtida la leñera de las casas rurales. Ellos cortan y Ciriaco coloca primorosamente la leña para mayor comodidad de los turistas. Así que no hay excusa. A disfrutar del puente, aquellos que lo tengan, y los que no, que hagan lo que puedan.

La Semana Santa que fue y la primavera que es en Ahedo del Butrón

Guindo en flor, jardín Dondevilla 2

No ha muchos años, en un lugar de cuyo nombre no puedo olvidarme, habitaba un caballero de plática amena, con azadón y guadaña al hombro, de aquellos de los que  apenas  quedan. No entendía de crisis, ni de sistemas financieros, pero sabía perfectamente lo que había que hacer. Curtido en mil oficios  vinculados a la necesidad y al devenir del día, iniciaba sus actividades al amanecer con las campanadas del  ángelus y minutos más tarde se le veía arrancando abrojos en la finca de enfrente. Por estas fechas  se notaba que era época de preparativos que anticipaban las duras tareas del verano. Lo mismo se le veía dando  los últimos retoques al yugo de olmo que se encontraba tallando, que  picando los dalles con martillo y yunque o cargando las maquiladas para ir al molino.  Podía vérsele  guardando las corderas del destete  en los corrillos de enfrente o reponiendo un paredón echado abajo por el temporal de nieve. El día no tenía desperdicio y las faenas tampoco. No existía necesidad de cumplir ningún horario porque el día tenía las horas que tenía y había que hacer lo que había que hacer. Por estas fechas el ilustre caballero solía meditar algunos detalles de  la representación de la pasión viviente en la que disfrutaba  con  el papel de  ecce homo, con la pesada cruz y la corona de espinas. Había discurrido junto a Dioscorídes Ruiz y Julian Gallo, los dos judíos,  agrandar  la cruz que en su día portara Maximiano, para dar más relieve al acto.  La procesión, en la que participaba todo el pueblo con mayoritario entusiasmo, discurría por las empinadas y en ocasiones embarradas calles en el momento más tenebroso del día. El éxito fue tal que fue imposible mantenerla. Ahora no tenemos procesión pero al viajero no le será difícil reconocer al personaje del que estamos hablando. Continúa merodeando por las proximidades con una azada al hombro.

 

Pero nostalgias a parte, en estas fechas, además de  las tinieblas que acabarán el Domingo de Resurrección, existen otras atalayas desde donde contemplar el entorno. La primavera está a punto de explotar. Hace tiempo que nos lo viene anunciando el cárabo que por las noches no deja de gritar. Ahedo dispone de una naturaleza exuberante que en primavera se manifiesta de forma implacable. Comienzan las floraciones con los espino vero que suelen ser los más tempranos, si exceptuamos los avellanos que para estas fechas han tirado toda su flor. Les siguen algunos  ciruelos y los guindos. Días más tarde los cerezos, que ocupan gran parte de las eras de la margen derecha. Después vendrán los malainos, el arce y el espino albar. No tiene desperdicio, la primavera esta lanzada y en Ahedo es impresionante.

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